El #metoo de Artemisa Gentileschi

El #metoo de Artemisa Gentileschi

Hay acciones que tienen un peso muy superior al de su nacimiento. Como bola de nieve que baja por una ladera, provocan una transformación que crece a medida que avanza.

Con el hashtag #metoo se espolea un cambio de mentalidad que, sin duda, va a ayudar mucho al desarrollo profesional de la mujer en igualdad con el hombre. Nosotros pretendemos rendir homenaje a todas las valientes que alzan la voz para contar su experiencia y ayudar a otras mujeres. También a cuantas artistas han visto minusvalorada su obra, a todas las que no se han sentido respaldadas, a las que han sido censuradas, rechazadas y excluidas, y a todas las que tras un esfuerzo ímprobo conseguían despuntar para terminar borradas por el paso del tiempo como si su trabajo no hubiera sido mucho más que un hobbie de alguien que alcanza cierta calidad y destreza. Y queremos hacerlo rindiendo tributo a la pintora barroca Artemisia Gentileschi (1593-1652/1653) al reconocer el valor de su precursor #metoo.

Artemisa Gentileschi pintó su cuadro Judith y Holofernes tras sufrir una violación. En la crudeza de la escena iba a plasmar la rabia y la violencia para usar la pintura como método de desahogar su necesidad de venganza. El tema del abuso fue recurrente en su obra.

Esta artista a la que este último siglo ha conocido como “una feminista del siglo XVII” era la primera mujer que conseguía entrar en la Academia de las Artes y del Diseño de Florencia.

Hija el pintor Orazio Gentileschi, recibió clases de pintura y tuvo la oportunidad de conocer a muchos artistas, entre otros a Caravaggio y también (desgraciadamente para ella) al que su padre elegiría para ser su profesor: Agostino Tassi, un paisajista, crápula y mujeriego que la violó en su propia casa cuando la joven tenía sólo dieciocho años.

Cuando Artemisa reunió el valor necesario para llevar a juicio al amigo de su padre, sufrió la humillación pública de ver cómo se dudaba de su palabra y era sometida a terribles pruebas, aplicadas con métodos de tortura, con la absurda pretensión de comprobar la veracidad de su relato. Finalmente su agresor fue castigado con el destierro, permitiéndosele eludir de este modo una condena de prisión.

La instrucción del juicio deja testimonio de la crudeza con que la artista relataba los hechos:

Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne

Eva Menzio (editora), Artemisia Gentileschi, Lettere precedute da Atti di un processo di stupro, Milán, 2004

La fortaleza de esta mujer, que tuvo que soportar que sus obras fuesen atribuidas a otros artistas varones, incluido a su padre, la ha llevado a ser considerada un estandarte para el feminismo.

En sus cuadros se descubre una mirada de orgullo femenino y un tratamiento nuevo para la mujer a la que ve valiente, poderosa, segura…, y nosotros desde este blog queríamos admirar su figura y su artístico #metoo

Ilustramos estas líneas con un detalle de uno sus cuadros: La Allegoria dell’inclinazione. Algunos especialistas sostienen que es un autorretrato, pero lo que nos lleva a elegirlo es el tema de la obra: “el talento natural para el arte” representado por una mujer.

Artemisia Gentileschi [Public domain], via Wikimedia Commons

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